“Si se cierra una puerta, se abre una ventanita”
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Lolita Robles de Mora nos abre la puerta de su casa -y de su vida- para contarnos una parte de su historia como mujer luchadora y escritora excepcional de nuestro país
¿Qué es lo que más le gusta del estado Táchira?
Decir qué me gusta más es muy amplio. Me gusta su gente, sus paisajes, sus costumbres, es todo. Por algo estoy aquí desde hace tanto tiempo. Papá decía que le gustaba esta tierra, porque se parecía a nuestra tierra de origen que es Asturias. Esta es una tierra montañosa que está verde en toda época del año, tiene muchos ríos, mucha vegetación y muchos árboles frutales, especialmente el manzano, del cual sacan una bebida muy conocida que envían a todas partes del mundo, la sidra.
Considerando que las “Leyendas del Táchira” se han convertido en patrimonio de nuestro pueblo, ¿cree usted que han sido influyentes en la unión familiar?
Eso es relativo, pero puede que sí. Porque a los niños les gustan mucho. Las leyendas tienen mucho de nuestras raíces, hablan de cosas tan conocidas, porque qué padre no se acuerda de eso y le cuenta a sus hijos.
¿Cuál es su opinión acerca de la competencia lectora de los niños y jóvenes contemporáneos?
Al respecto tengo una anécdota muy simpática. Un día fui a visitar a un amigo en Cordero. Cuando llego a su casa él se me acerca y me dice: tienes la culpa. Yo le respondí extrañada: ¿de qué? Y me dijo: Sí, ¡mi nieta aprendió a leer gracias a las leyendas! Ya que le interesaron tanto que las agarraba y leía y leía, y de esa manera aprendió a leer. Posteriormente, he sabido por otros amigos que los niños han aprendido porque cuando aprenden a leer y les gustan las leyendas, leen hasta que se las terminan, a veces les da miedo, otras veces no, pero ellos siguen su lectura.
¿Cómo define usted a la Lolita que la comunidad literaria tanto aprecia?
¡Es muy difícil definirse! Te lo digo de verdad, mas creo que he sido valiente. Pues fíjate, primero mi accidente, después murieron papá y mamá el mismo año y el mismo mes, y al año siguiente murió mi esposo. Mis hijos estaban en la etapa del bachillerato y necesitaban mucha ayuda. Para mí fue bastante difícil luchar contra todo eso. Además no poder ver significaba tener que adaptarme a un nuevo ambiente, porque no es lo mismo estar en luz que en oscuridad, pero ya reconozco todo. Sinceramente ha sido sumamente difícil ya que yo puedo hacer unas cosas, pero otras no. Sin embargo, cuando murió mi esposo realicé cursos de rehabilitación en España. Estuve allá durante cuatro meses y regresé renovada de conocimientos y también de ánimos, porque me di cuenta de que yo no era la única que pasaba por problemas. El invidente es una persona inteligente como cualquier otra, yo conozco muchos invidentes valiosos.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, ¿qué mensaje daría a las mujeres venezolanas que desde sus distintos campos de trabajo promueven el impulso de la sociedad?
Primero, que nunca se queden chiquitas por algún problema, que los problemas que tengan traten de sacarlos adelante y si no se puede hacer una, se puede hacer otra. Te digo por mí, yo perdí la visión, no pude trabajar más como docente y fue muy fuerte no poder leer. ¡Iba a la biblioteca y me ponía a llorar! Pero todo se soluciona. Primero busqué una persona que me leyera todas las mañanas. Después busqué un profesor que me dio clases y me enseñó braille, y yo aprendí a leer al tacto como todos los invidentes. Pero, claro, todas las obras que yo tengo en mi biblioteca no las puedo leer porque no están escritas en braille, esa era la otra dificultad. Empecé a escribir otra vez a máquina y me acostumbré a hacerlo, ¡yo escribo perfectamente a máquina! Todos los libros de mi autoría los he escrito con mis propios dedos. Siempre que yo escribo algo, otra persona me revisa y me lee lo que escribí, para de esa manera yo misma poder corregirlo. Yo le digo a la mujer que se prepare para lo que venga y que nunca se desanime. Siempre hay que tener valor y seguir adelante, por más problemas que uno tenga en la vida. Si se cierra una puerta, se abre una ventanita.
Decir qué me gusta más es muy amplio. Me gusta su gente, sus paisajes, sus costumbres, es todo. Por algo estoy aquí desde hace tanto tiempo. Papá decía que le gustaba esta tierra, porque se parecía a nuestra tierra de origen que es Asturias. Esta es una tierra montañosa que está verde en toda época del año, tiene muchos ríos, mucha vegetación y muchos árboles frutales, especialmente el manzano, del cual sacan una bebida muy conocida que envían a todas partes del mundo, la sidra.
Considerando que las “Leyendas del Táchira” se han convertido en patrimonio de nuestro pueblo, ¿cree usted que han sido influyentes en la unión familiar?
Eso es relativo, pero puede que sí. Porque a los niños les gustan mucho. Las leyendas tienen mucho de nuestras raíces, hablan de cosas tan conocidas, porque qué padre no se acuerda de eso y le cuenta a sus hijos.
¿Cuál es su opinión acerca de la competencia lectora de los niños y jóvenes contemporáneos?
Al respecto tengo una anécdota muy simpática. Un día fui a visitar a un amigo en Cordero. Cuando llego a su casa él se me acerca y me dice: tienes la culpa. Yo le respondí extrañada: ¿de qué? Y me dijo: Sí, ¡mi nieta aprendió a leer gracias a las leyendas! Ya que le interesaron tanto que las agarraba y leía y leía, y de esa manera aprendió a leer. Posteriormente, he sabido por otros amigos que los niños han aprendido porque cuando aprenden a leer y les gustan las leyendas, leen hasta que se las terminan, a veces les da miedo, otras veces no, pero ellos siguen su lectura.
¿Cómo define usted a la Lolita que la comunidad literaria tanto aprecia?
¡Es muy difícil definirse! Te lo digo de verdad, mas creo que he sido valiente. Pues fíjate, primero mi accidente, después murieron papá y mamá el mismo año y el mismo mes, y al año siguiente murió mi esposo. Mis hijos estaban en la etapa del bachillerato y necesitaban mucha ayuda. Para mí fue bastante difícil luchar contra todo eso. Además no poder ver significaba tener que adaptarme a un nuevo ambiente, porque no es lo mismo estar en luz que en oscuridad, pero ya reconozco todo. Sinceramente ha sido sumamente difícil ya que yo puedo hacer unas cosas, pero otras no. Sin embargo, cuando murió mi esposo realicé cursos de rehabilitación en España. Estuve allá durante cuatro meses y regresé renovada de conocimientos y también de ánimos, porque me di cuenta de que yo no era la única que pasaba por problemas. El invidente es una persona inteligente como cualquier otra, yo conozco muchos invidentes valiosos.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, ¿qué mensaje daría a las mujeres venezolanas que desde sus distintos campos de trabajo promueven el impulso de la sociedad?
Primero, que nunca se queden chiquitas por algún problema, que los problemas que tengan traten de sacarlos adelante y si no se puede hacer una, se puede hacer otra. Te digo por mí, yo perdí la visión, no pude trabajar más como docente y fue muy fuerte no poder leer. ¡Iba a la biblioteca y me ponía a llorar! Pero todo se soluciona. Primero busqué una persona que me leyera todas las mañanas. Después busqué un profesor que me dio clases y me enseñó braille, y yo aprendí a leer al tacto como todos los invidentes. Pero, claro, todas las obras que yo tengo en mi biblioteca no las puedo leer porque no están escritas en braille, esa era la otra dificultad. Empecé a escribir otra vez a máquina y me acostumbré a hacerlo, ¡yo escribo perfectamente a máquina! Todos los libros de mi autoría los he escrito con mis propios dedos. Siempre que yo escribo algo, otra persona me revisa y me lee lo que escribí, para de esa manera yo misma poder corregirlo. Yo le digo a la mujer que se prepare para lo que venga y que nunca se desanime. Siempre hay que tener valor y seguir adelante, por más problemas que uno tenga en la vida. Si se cierra una puerta, se abre una ventanita.
