martes, 16 de septiembre de 2008

Características de un buen discurso
¿Qué es saber hablar?
Briz, A. (Coord.) (2008) Saber hablar. Madrid: Santillana Ediciones (p. 19 - 46).
Saber hablar no es un don, no proviene de ninguna cualidad innata, no es algo que se hereda ni que se adquiere…, saber hablar, y sobre todo saber hablar bien, es algo que se aprende. La capacitación o competencia comunicativa es la base para saber hablar bien en este universo global.
Partiendo de la idea de que saber hablar es ser cada vez más conciente de la existencia de los mecanismos y tácticas lingüísticas de persuasión y que saber hablar bien es llegar a adquirir esas habilidades argumentativas y ponerlas en práctica, es posible comprender cuán importante es el dominio de la palabra en este mundo competitivo e intercultural.
En consecuencia, como hoy más que nunca saber hablar bien es una necesidad, a continuación estudiaremos algunas características generales de un buen discurso:
- El modo correcto es el que sigue las normas gramaticales: instituciones como la Real Academia Española y la Asociación de Academias se encargan de oficializar tal o cual norma gramatical. Y en caso de que surja alguna duda -considerando que siempre surgen- ahora existe el Diccionario panhispánico de dudas, el cual constituye una obra de consulta obligada para quien desee hablar bien.
- Así mismo, saber hablar es usar de modo ‘adecuado’ el lenguaje: el respeto a las normas de la gramática ha de ir acompañado de un ajuste de lo hablado en que tiene lugar la comunicación. Estos ajustes son la consecuencia del contexto, ya que no se habla ni debe hablarse del mismo modo siempre; también de las características del público y de las reacciones de éste durante el discurso; y del empleo justo de tiempo, pues cuando el tiempo no se respeta el fracaso está asegurado.
- Por otra parte, saber hablar bien es producir ‘claramente’ el discurso, es decir, tener claras las ideas que se desean transmitir y ser claro y preciso en la elección lingüística, en la palabra dicha y, por ende, en la exposición de esas ideas.
- Saber hablar también es establecer y mantener las relaciones interpersonales, lo cual requiere velar por la imagen ajena y la propia. Debemos considerar que a la actividad ligüística se une al hablar una actividad social, que consiste en mantener y aumentar nuestras relaciones interpersonales, pues al aproximarnos verbalmente a quines nos escuchan esto favorecerá el éxito de la elocución. En efecto, la cooperación y la cortesía -principios básicos para el desarrollo de cualquier interacción- se negocian de modo diferente en las distintas sociedades.
- Por último, saber hablar bien es usar de modo estratégico el lenguaje para lograr los objetivos previstos: hablar es negociar los fines de unos y otros a través de estrategias. Y es que al hablar intentamos siempre lograr la aceptación y el acuerdo del otro, porque nadie habla por hablar, siempre hay una meta que lograr, aunque sólo sea la de mantener las relaciones sociales o la de buscar una mayor integración con el grupo social.
En síntesis, el buen discurso es el que logra ser eficaz y eficiente desde el punto de vista comunicativo mediante la corrección gramatical; la adecuación a la situación de la comunicación, al tiempo justo, a las características y las reacciones de los interlocutores; es también aquel que de antemano responde a unas ideas claras, es claro en la expresión de los contenidos y sabe establecer y mantener las relaciones con el otro.
El saber hablar bien es un saber estratégico, tanto desde el punto de vista lingüístico como social. Por tanto, para educar el habla se requiere de entrenamiento y ensayos continuos, además de la dedicación al proceso de aprendizaje.

martes, 9 de septiembre de 2008

Sean Covey explica cómo ser feliz y exitoso


Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos

Durante el período de la adolescencia varios factores influyen de manera determinante en la construcción de la personalidad del joven, tales como la familia, como pilar fundamental; la sociedad, como entorno influyente; la escuela, como lugar de aprendizaje y de convivencia diaria, entre otros que resultan ser fuertes luchas, ya que conocer el mundo y adaptarse a él, no suele ser una tarea fácil.
Es por ello que Sean Covey, en su libro Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos, proporciona a los jóvenes y a las personas que se relacionen con ellos, un material completo y de fácil comprensión acerca de cómo lidiar con las distintas situaciones diarias de manera efectiva y exitosa.
Este libro, de 270 páginas, está dividido en cuatro capítulos o partes denominadas por el autor así: los preparativos; la victoria privada; la victoria pública y la renovación. Luego de una detallada e introductoria primera parte, es posible percibir en el resto del libro cómo los 7 hábitos propuestos por el escritor tienen como objetivo promover un estilo de vida que simpatiza con la proactividad, la responsabilidad, la planificación, el compañerismo, el trabajo en equipo, la amistad, la sinergia y la continua renovación.
Para entender mejor a qué viene esto de los hábitos, citaremos la siguiente explicación: “¿Qué son exactamente los hábitos? Los hábitos son cosas que hacemos repetidamente. Pero la mayor parte del tiempo no estamos conscientes de que los tenemos. Están en piloto automático… Nuestros hábitos pueden hacernos o deshacernos. Nos convertimos en aquello que hacemos repetidamente.” (Covey 1999, p. 8).
Otro aspecto relevante, que forma parte del primer capítulo, es la sección Paradigmas y Principios, lo que ves es lo que tienes. Entendiendo que “un paradigma es la forma en que vemos algo, nuestro punto de vista, marco de referencia o creencia” (Covey 1999, p. 13), es posible comprender que aunque se crea arraigadamente en algo -sea beneficioso o no- esta creencia es incompleta de uno u otro modo, ya que las personas cambian y a su vez también cambian sus maneras de ver el mundo. Por ello lo importante es centrarse en principios, los cuales constituyen el verdadero centro.
El segundo capítulo, titulado La victoria privada, está dividido en cuatro secciones:
- La cuenta de banco personal: para triunfar en la vida es prioridad quererse y respetarse a sí mismo, además de explorarse para conocer los propios talentos.
- Hábito 1 – Ser proactivo: las personas proactivas saben que no son capaces de controlarlo todo pero sí de controlar sus actitudes ante las circunstancias. Cada quien posee la fuerza para hacer el cambio.
- Hábito 2 – Comenzar con el fin en la mente: consiste en desarrollar el propósito de visualizarse a sí mismo dentro de quizá algunos meses, un año, o varios años. Es tener una idea propia de lo que se quiere lograr en la vida.
- Hábito 3 – Poner primero lo primero: acerca del derecho de querer y no querer y la importancia de marcar prioridades.
La tercera parte de este libro, que constituye una guía práctica para lograr el éxito juvenil, se titula La victoria pública y se divide, igualmente, en cuatro aspectos:
- La cuenta del banco de las relaciones: esta cuenta aumenta cuando se valora a los demás, cuando se les escucha con atención y/o cuando se les trata conforme a los buenos principios.
- Hábito 4 – Pensar ganar-ganar: es el estilo de vida en el que se cree que todos pueden ganar, porque el éxito abunda y alcanza para todos.
- Hábito 5 – Busca primero entender, luego ser entendido: este hábito se fundamenta en una cualidad maravillosa: saber escuchar o escuchar genuinamente a los demás.
- Hábito 6 – Sinergizar: promueve celebrar las diferencias y defender la diversidad con el propósito de hallar la vía elevada que consiste en encontrar la mejor solución.
La última parte del libro se llama Renovación, en esta se encuentra el último hábito llamado Afilar la Sierra, allí el autor expone la importancia de cuidar la mente, el cuerpo, el corazón y el alma.
Esta obra debe ser leída no sólo por los adolescentes, sino por todas las personas que se relacionen con ellos y que deseen conocer las sencillas reglas a seguir para lograr el éxito y la felicidad. Y para concluir, como lo hace Covey en su libro: “¡Mantén viva la esperanza!... Muchacho, moverás montañas”.