Reflexiones sobre el lenguaje
Tusón, A. (1997). Análisis de la conversación. Barcelona: Ariel, pp. 17 - 30
Tusón, A. (1997). Análisis de la conversación. Barcelona: Ariel, pp. 17 - 30
Hay quienes abogan por la idea de que hablar bien consiste en el acercamiento a la modalidad escrita, y hay quienes creen que escribir con claridad consiste en acercarse lo máximo posible a la modalidad oral. ¿Quiénes tendrán la razón?
Por una parte, debemos considerar que la humanidad durante un 99,5% de su historia sólo ha utilizado la modalidad oral del lenguaje. A esto se suma que toda persona, en condiciones saludables, aprende a hablar durante sus primeros años por el simple hecho de estar rodeada de gente hablante. La escritura, en cambio, es un código que no se aprende de manera repentina, sino que requiere un aprendizaje formal.
Para la realización de la conversa espontánea, los hablantes deben estar en un tiempo y un lugar determinados, además de compartir un cierto conjunto de sus conocimientos. El escritor, por el contrario, está separado en el tiempo y en el espacio con respecto al lector, incluso, por lo general, no se conocen. Por tanto, quien lee es libre frente al texto escrito.
El lenguaje oral requiere de tres aspectos fundamentales: rasgos prosódicos (la entonación, la pausa y el acento); rasgos paralinguísticos (calidad de voz, tono y acento); y rasgos extralingüísticos (gestos y disposición de los cuerpos, en el espacio y respecto al otro -u otros-). Por eso mismo, su comprensión es difusa, porque en el proceso hay que atender a diferentes señales audiovisuales simultáneas, aun cuando podemos utilizar palabras como poco contenido léxico.
Por su parte, en el lenguaje escrito, quien escribe puede hacer un esquema previo, corregir, tachar, volver a empezar, ordenar de nuevo lo que está escribiendo,… así lo que leamos será el resultado de un proceso laborioso y quizá bastante lento. Escribir es un proceso complejo y explicativo, que se caracteriza por una alta densidad léxica.
Por lo tanto, hablar como se escribe y escribir como se habla es imposible, “hay cosas para ser dichas y cosas para ser escritas”, a pesar de las similitudes que hay entre ambas modalidades, cada cual se fundamenta en un proceso muy diferente.

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